La Importancia De Abrir El Pico

gaviota

«Una gaviota descendió sobre la ciudad de Lu. El Marqués de Lu le dio la bienvenida y la festejó en su templo, disponiendo para ella la mejor música, los platos más exquisitos que habían pasado por su mesa y los más importantes sacrificios. Pero pasaban los días y el animal seguía triste y aturdido. Parecía que no se atrevía a probar un solo bocado de carne o beber una sola copa de vino. Tanto es así, que al cabo de tres días, la gaviota murió».

El Marqués de Lu agasajó a la gaviota como a él le hubiera gustado ser agasajado sin reparar en ella, sólo en él. Tanto es así que, aún  partiendo de unas maravillosas intenciones, no solo no ayudó en lo más mínimo a  la gaviota sino que tras días sin tener qué comer ni beber, muere.

¿Alguna vez  os habéis tomado muchas molestias con toda vuestra buena intención y vuestro esfuerzo no hay sido bien recibido? Esto pasa a menudo cuando intentamos hacer algo por la gente que queremos. Ponemos todo el corazón eligiendo ese regalo o haciendo esa comida,  nos organizamos la semana para poder atenderlos y ayudarlos como creemos que necesitan, nos rompemos la cabeza buscando alternativas que hagan su vida más fácil y nada, nos topamos con un muro. Nos frustra y nos duele que estas cosas, que sólo reflejan nuestro amor y nuestro interés por su bienestar, pasen desapercibidas o incluso sean mal recibidas. Como el Marqués haciendo todo lo que puede por honrar a la gaviota.

O quizás os ha pasado todo lo contrario, que cuando estabais pasando una mala racha, alguien decida “ayudaros” y aunque muy conscientes de su buena intención, no veis el momento de perder de vista al buen samaritano, que más que echaros una mano os la está echando al cuello. Hace todo con muy buena intención e incluso con sentido común, pero sin tener en cuenta vuestra opinión o vuestra necesidad. Algo así como un por ti pero sin ti…Como la gaviota, muerta de hambre, poniendo buena cara.

Al final, como en la vida, el secreto no es tanto hacer algo bueno como hacer lo correcto. Si el marqués hubiera preguntado a la gaviota o esta se hubiera hecho entender, el desenlace hubiera sido distinto. Así que os proponemos lo siguiente: ante la duda ¡preguntadle a la gaviota! Y si vuestra salud depende de ello ¡ aprended a abrir el pico con el bienintencionado Marqués!